En el principio era el todo
Sobre las aguas vagaba la nada
Y el orden reinaba al principio.
En el principio era la luz
El Demiurgo habitaba el crepúsculo
Y creó la oscuridad con polvo de estrellas
muertas.
En el principio el Cosmos ordenado
Había excluido el mal de su destino
Y todo marchaba “como Dios manda”.
Y vino el hombre a habitar el tiempo
Y trajo consigo la idea de existencia,
De muerte; fatal suceso impreciso: Creatio ex nihilo.
Así todo cambiaba de amo
Creciendo y poblando la tierra
El universo compungido lloró amargamente.
Todo era bueno cuando el ser habitaba el ser
Cuando la eternidad era el uno y el bien era
bello
Cuando el amanecer no tenía nombre, ni dueño.
Todo muere con el nacimiento
La génesis, la caída en el tiempo,
Pasamos de lo eterno a lo sensible en un
instante
Y ese instante compone toda nuestra
existencia,
Eterna, funesta, vespertina y siniestra,
Lamentable ese salto, inevitable castigo.
Nacemos con la muerte
Nos muere en el pecado todo lo que nos vive
Y el ser besa en silencio su naturaleza
perdida.
En el principio era el silencio y el silencio
habitaba la tierra
Pero vino el hombre y creó las palabras
Con el polvo sobrante de las estrellas
muertas.
Caballero del Aurora, agosto de
2015.

