Detalle

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Detalle de la portada del libro "Cautivo del Deseo" By: Óscar Eduardo Montoya

miércoles, 15 de julio de 2015

Carta Apostólica sobre el Medio Ambiente



“El mundo moderno no será castigado, es el castigo”. Con estas palabras quiero abrir un diálogo en torno a la primera Encíclica escrita en su totalidad por el Papa Francisco: “Alabado seas” (Laudato Si'). Me parece que esta sentencia de Nicolás Gómez Dávila describe con total claridad y de la forma más precisa lo que ha resultado ser la idea de desarrollo y, su mal consejero, el consumismo: un castigo. Castigo que veremos en lo que sigue y del que sólo nos salva la reconciliación con los hombres y la comunión con el planeta.
En esencia esta Carta Apostólica tiene como tema central la ecología, o como lo llama bellamente el Obispo de Roma “el Cuidado de la Casa Común”. Para llevar a cabo su empresa el Papa destina siete capítulos (incluyendo la introducción) por medio de los cuales desarrolla una propuesta para contrarrestar el impacto climático y la huella ecológica, frutos de la contaminación. Los males que aquejan al mundo, por decirlo como una conclusión previa al escrito, son "una pequeña señal de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad". Sobre este punto deberíamos detenernos.
Si bien el cambio climático se da en cierto sentido de manera natural, todos estamos de acuerdo en que la principal causa de su aceleración somos los humanos. En este sentido acierta el Papa en llamar “consumismo inmoral” a esa incapacidad de saciar el deseo de consumir bienes y servicios, la masificación de estos bienes y la degradación del medio ambiente continúa en aumento -advierte en su carta- y las sociedades de primer mundo no parecen estar haciendo nada para detener o desacelerar este fenómeno. Así es que nos urge reemplazar progresivamente y sin demora las tecnologías basadas exclusivamente en combustibles fósiles, los cuales son grandes contaminantes, por fuentes de energía más amigables con el medio.
Quizás la tesis más criticada de SS Francisco, pero no por esto pierde evidencia, es la de que los países ricos tienen una deuda ecológica con los países pobres. Puesto que los países en desarrollo están a la merced de las naciones industrializadas las cuales explotan sus recursos para alimentar su producción y consumo, una relación que es a todas luces "estructuralmente perversa". Francisco rechaza -entre otras cosas- el argumento de que sólo a través del crecimiento económico se puede resolver el hambre, la pobreza y se puede recuperar el medio ambiente, porque este argumento no es más que un sofisma: "un concepto mágico del mercado". La redención, en este orden de ideas -para evitar el castigo de que habla Gómez Dávila- se encuentra en el cambio de mentalidad personal y social, desde una ética del sacrificio contra el consumismo desbordado en que vivimos, ética que debe comenzar por los gobiernos de primer mundo y que termine por reflejarse en las naciones más pobres.


Publicado en Periodico El Faro, junio de 2015.